EL PINTOR Y LA ARDILLITA
Erase un lugar, donde el invierno era tan frio, que las
fachadas de las casitas se estropeaban y ponían feas, por eso en primavera,
unos señores muy buenos, a los que llamaban los pintores, venían a ponerlas
otra vez bellas.
Y un día ocurrió, que al lado de una de aquellas casitas
cortaron un árbol donde vivía una ardillita, la cual al caer el árbol..¡se pegó
un trastazo,hacindose daño en una patita, por lo que no pudo salir corriendo.
Cuando ya se consideraba perdida…vio con alegría que uno de aquellos pintores,
la acariciaba, y arreglaba su patita. Cuando llegó la tarde—en una caja muy
grande se la llevó a su casita--.Ya en su casa, nada más abrir la caja…¡qué
alegría!, unas niñas y un niño se pusieron a jugar con ella, y a darle cositas
para comer. ¡Allí se estaba muchísimo mejor que en el bosque!.
Para estar más cómoda ella, le compraron una casa que le
llamaban Jaulón. Pero, allí solo entraba a dormir y hacer sus “cositas” en una
caja con arena.
Un día, sus amiguitas hicieron algo que le encantó. La
bañaron, y le secaron el pelo con un aparato que hacía mucho ruido, pero daba
un aire tan calentito….
Pasado un tiempo se alegró muchísimo viendo que ponían un
pequeño pino, y lo adornaban con unas preciosas bolas, y lucecitas de colores..y
pensó que era para jugar ella….Nada más terminar saltó al pinito…¡Y qué jaleo
se armó!. Las bolas rodando por el suelo..Las luces dando chispazos..y de
pronto la casa se quedó a oscuras. Esa fue la única vez que la regañaron.
Cuando mejoró el tiempo, escuchaba a su amigo Julito jugando
con sus amigos en el pequeño jardín..¡Cuánto le gustaría a ella estar con la
alegre pandilla!. Pero la puerta, y la escalera, le impedían hacerlo.
Pero un día,--asomada a una ventana abierta--¡hizo un gran
descubrimiento!. Unos hierros, y unas cuerdas donde tendían la ropa, estaban en
toda la fachada. Y pensó..que bajar por allí, para ella estaba “chupao”..¡y así
lo hizo!. Los niños , se llevaron una gran sorpresa, ¡cuando la vieron allí con
ellos!. Ahora, todos los días subían a por ella como uno más de la pandilla.
Un día, Julito, hizo algo que le costó una regañina. Le
cogió a su mamá un bote con una cosa muy rica y dulce, y mojando en eso un
dedo, se lo daba a comer a ella..el bote era de leche condensada. Y así fue
pasando su vida. Pero la vida de las ardillas, es más corta que la de los
niños…¡y un mal día! La ardillita se fue al Cielo.
Ahora, les cuenta allí a sus amiguitas, lo feliz que fue en
casa de aquel bondadoso pintor, y su estupenda familia.
Y como así ocurrió, ahora se lo cuenta a sus queridos
niños..
El abuelito Valentín.
Y colorín, colorado, este cuento…¿Os ha gustado?.
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